ASIDONIUM

Mis poemas - www.alfonsosaborido.es - Twitter: @asaborido

Juego de amor.

Hagamos palabras para amarnos.
Palabras para jugar.
Para entretenernos.
Te quiero, Te quiero.
Te diré.
Para siempre, para siempre.
Me dirás.
Entretejiendo frases
los dos juntos,
nos haremos un diccionario.
De esperanzas.
De compromiso.
y en mayúsculas,
de AMOR.
Entonces algún cuervo
graznará que esto no es matrimonio.
Reiremos, reiremos
hasta morir juntos,
porque el AMOR es eterno
y los cuervos, no.

Vuestras huellas.

En cada plato veo tus huellas,
las huellas de tus dedos
que me acariciaron un día.
Los mismos que tomaban
la temperatura de mi fiebre
en la frente.
Por todos lados, tus huellas.
Tus recuerdos, tus enseñanzas.
Tus consejos.
No, no os fuisteis del todo.
Ni tú ni mi hermana.
No os veo.
Pero por todos sitios estáis.
Vuestras huellas
que antes estaban fuera,
y ahora,
las siento muy dentro.

Eternidad

Rodéame.
Entra en mí.
Házme tuyo.
Hasta que no
pueda respirar.
Hasta que me quede
en un último aliento
para amar.
Quiero hacerme
eterno en ti.

Manzanas

Cuando me amas
me pongo a temblar
y me pregunto por qué,
por qué me das el paraíso
si la manzana de la discordia
fui yo quien la mordió.
¿Qué más da?
Cuando me amas,
las manzanas son dulces,
no caen para Newton
de los árboles.
Crecen en flores,
para ti.
Para mí.

Cielos

En los cielos de las estelas,
las estrellas han conseguido
por fin hablar.
A pesar de las nebulosas opacas
e hicieran presas su luz.
Hoy brilla el cielo nocturno.
Hoy brillas tú.
El mundo ahora es completo.
Y yo, yo que ahora te miro
hacia el cielo o hacia ti,
me siento entero.

Faro de vida.

La escarcha caía sobre la hierba a pesar de ser verano.
Tú venías somnoliento, como casi todas las tardes.
Tu mente dormida, tu vida quieta,
esperando quizás que la chicharra te despertara
de esa vagueza cobarde de enfrentar la vida.
Así estuviste, quieto y amordazado,
durante treinta años
treinta largos años.
Observando el horizonte,
viendo el mar extenso,
luchando por adivinar,
cuál era el origen del faro
que intuías.
Hasta que llegó la luz,
en rágafas y bordo de un velero.
Del barco que no me esperabas
ya que llegara.
Sentiste el calor marinero
que te recordó tus noches de la 2.
Querelle. Querelle.
La orilla se agitó con sus pasos,
y los pies mojados,
ahora, ya, con humedad,
no tenían escarcha.
Se hizo la luz.
Te dieron la mano
y comenzaste a andar.
La vida había empezado.