ASIDONIUM

Mis poemas - www.alfonsosaborido.es - Twitter: @asaborido

Altas cumbres

Siento que podría hoy,
subir a tus pies.
Andes míos,
cumbres sin fines.
Podría hoy yo
subirlo todo.
Enriquecer mi sangre.
Llenarla de glóbulos
rojos como tus labios.
Mascar tu saliva
como una hoja de coca.
Hacerte saber
que eres tú,
sólo tú,
el único
que me puede llevar
a tocar
literalmente
el cielo.

Amar

Sí, sí,
Me callo cuando me escuchas.
Y dices:
¿no hablas ya?
¡Cómo voy a hablar si te miro!
¡Cómo voy a moverme si
estoy delante de ti!
Sueño con atrapar esa molécula,
Esa mota, ese trozo, ese minúsculo
Grano de aire que sale de tus pulmones
Para que sea mío, sólo mío.
Buscar las fuentes de tus vientos,
De tus aires, y lanzarme
Lanzarme al vacío de tu boca
Para no hablar jamás
Porque sólo ya vale el pensar
Pensar que estoy dentro de ti
Pegado a ti, cerca, bajo tu piel
Haciendo lo único que se hacerte:
Amar, amar, amar.

Siete

Siete.
Te digo siete.
Cada vez que me preguntas:
¿me quieres?
Yo digo siete.
Dices
¡qué poco!
Nueve.
¿Ná más?
No.
Siete.
¿Por qué siete?
Porque siete es
todo.
El infinito.
La eternidad.
El siempre.
Lo ilimitado.
Lo interminable.
El amor perenne.
Siete.
Setenta veces siete.

Cometa

De la oscuridad vienes
con tu lecho de hielo y nieve,
cruzas la lejanía y la infinitud
para atravesar mis errantes
y llegar a mi casa.
Brillas en las noches,
me acaricias con tu melena,
y yo absorto te miro
cruzando mi cielo.
Sé que soy tuyo.
Que quizás me diste la vida
y que en el fondo,
tú y yo somos lo mismo
Hielo y frío,
calor y brillo,
cabellera y cola,
navegantes perdidos
que encontramos
en la Tierra
nuestro camino.

Mis manos ven

¡Mis manos ven!
Desde Chile me han inspirado,
me han abierto estos ojos
sin párpados, sin pestañas
sin colores, sin humedad,
pero que ven, ven,
cuando recorren tu cuerpo
herido que descansa
siempre que llegas a mi lado.
Y veo, veo el paraíso,
veo tus gritos de placer,
tus risas, tus sonrisas,
en esa espalda tuya
que es el amplio mundo
que me conquista.
Y cuando te vuelves,
te vuelves, yo te veo,
te veo, te veo,
sigo viéndote con mis manos,
en ese justo momento
de tu vuelta,
en que mis ojos se abren
a la luz que sólo tú
eres capaz de hacerme ver.

Amor de media noche

Hoy voy a ser como el sol de medianoche.
Voy a salir y no ponerme jamás,
aunque ese jamás sólo sean seis meses.
Acercarme, bajar, subir, mirarte a ras...
y brillar, brillar en el frío verano
sólo y exclusivamente para ti.
Sin fuerzas, subiré hasta el cenit
inalcanzable para mí en estos lares,
pero bajaré, hasta acercarme
a la superficie de tu cara.
Pero cuando llegue el jamás
ese que dura medio año,
me esconderé detrás del horizonte
para dejarte vivir.
Todo sera frío y oscuridad,
pero que más da,
para entonces
te brillarán todas las estrellas,
y yo en ese instante,
me convertiré en tu estrella polar.

Lágrima

Ya sé que disuelto no te veo,
grano de sal que me entras en los ojos.
Pero percibo de donde puedes aparecer.
Lo mismo de la ola marina que me golpea
cuando busco en tu mar la tranquilidad,
o es esa lágrima marina, con la sal
de mi sangre hundida en mi cuerpo,
la que lleva tu escozor al camino
de mis aguas oculares.
No por ello te tengo miedo.
Señal de que mis canales
aún tienen riego.
Es el corazón el que dispara el agua
que tú viertes con amenazas
discursos y charlas.
Pero mi lágrima, ay mar inmenso,
es mi mar y es mi casa.
Una lágrima mía que sólo yo sé
que es salada como mi propio yo
en este rincón de esperanzas.

Penal

Entre rejas, intuyo tus murmullos.
Casi puedo ver tu rostro en la ventana.
Tú, hombre invisible, sin cuerpo con tumba,
has dejado tu huella y tu alma
en ese alfeizar de la nada.
Maldita celda vacía
que sigue haciendo presa las almas
de gentes que no tienen sitio,
ni cenizas ni huesos ni nada.
Tu iglesia como negro monumento
ensalza las tristezas que embargas,
cárcel penal del Puerto que te veo,
no como momumento al arte bonito,
sino como esfigie de tortura fiera
a cada rayo de luz en mis mañanas.

(*) El Penal de El Puerto de Santa María es donde encerraban a los presos políticos en España durante la dictadura franquista. Lo veo todos los días cuando voy a trabajar, lo que queda de él, claro.