ASIDONIUM

Mis poemas - www.alfonsosaborido.es - Twitter: @asaborido

Sirio

Cayó de bruces por amores
en bruto mineral obtenido,
el hombre dios omnipotente
que todo lo quiso, todo lo pudo.

De rodillas ante el mundo,
azul girador de vueltas infinitas,
gozoso de humildad y pureza,
mudo quedó bajo la luz.

Planeta madre que te pare
de tus entrañas en lava ardiente,
barro viejo del perfil paraíso.
Fruto de la Tierra. Amén.

Asombrados ojos que levantaron
al ritmo de unas piernas vírgenes,
hacia arriba erecto el negro cuerpo,
la mente humana rápida trepa
camino ascendente a las estrellas.

Al final, también azul blanquecino
Sirio alumbra en brillo de plata
ganando a todo objeto estelar
en el único universo conocido.

Marca la historia.
Marca el ritmo.
Energía del Universo.
Late la vida.
Faro de Luz.

Y estalló la guerra

Quedó dormido el bramido de la serpiente roja
que en hangares de nácar fue propietario
de las voces, las manos y las razones.

Se perdió en las noches de los días
las alarmas, los avisos y las llegadas
de las buenas nuevas que aún salvaban.

El mundo azul ahora gris paró su cuerda,
se dejó caer en el oscuro temido vacío
donde antaño como pomba de jabón flotaba.

Ni estrellas, ni luces, ni faros
indican los caminos sin fronteras
entre las estelas que ya no brillan.

Todo es oscuro.
Todo es miedo.

No se oye nada.
No se ve nada.

Silencio de espera.

Y estalló la guerra.

La plaza herida

Esa verde rama que a crecer comienza
en perfumes de azahares de otoño,
fue golpeada por las lluvias grises de plomo.

La plaza herida testigo de la batalla,
recuerda el blanco y negro apagado
de los que fueron dueños de la calle.

¡La calle es mía!
Recuerda con escalofríos la plaza herida.

El color de la tecnología
tiñó de rojo las ramas verdes.
La sangre que fue negra por las porras grises,
hoy roja de nuevo vuelve a los ojos de España.

Recuerda el vacío la plaza herida,
cuando muerta quedó la libertad
durante cuarenta años sin vida.

Arrancar lágrimas de miedo
a los brotes fuertes  es el objetivo
del capitán capital.

España 2012 de gris noviembre.

El silencio necesario

Llegó el otoño y se hizo el silencio.
No el silencio impuesto que desata
soledades y tristezas;
Es ese silencio callado de voces,
de ruidos y de interferencias
que te convierten en ciego.

Te das cuenta que no tenías
el canal adecuado sintonizado.
La misma emisión todos los días,
te cegó los otros sonidos,
por muy cercanos que fueran.

Pero lo peor fue que apagó
tu fuente interior.

Hoy, más tarde que el calendario,
llegó el otoño. El verdadero otoño.

Y llegó el silencio.
El silencio necesario
para recuperar mi voz.

Vuelvo pronto, mi gente.

Psoriasis


Esa piel herida que se quiso
revelar ante la armonía
impuesta por la regla social.
Herida de qué, herida que no sabe
pero que hiere el alma
el primer momento que se ve.

Diluvio universal que cae
cómo condena a inocente,
interrupción de vida inmerecida.

Enrojece la piel.

Pero enrojecen las mejillas
cuando de pronto
la rama de olivo llega
para decir que hay tierra.

De la tierra
nacen las caricias,
las cosquillitas.

La piel herida.
Sigue menos herida.
Pero sana y orgullosa
porque sabe que no está sola.

Parto

No sales poesía...
en esta noche que quiero
deshelarme la sangre herida
de los tiempos pasados
que recurren a mí
en la fragilidad de mis sueños.

¿Dónde quedan esos versos
que necesito ahora para abrigarme
de la savia de mí mismo,
que ordena las letras,
que ordena mi mente,
y que ordena a las negruras
que se vayan de estos horizontes
oníricos que aterran detrás
de la valla de mi almohada?

¿Secuestrada poesía?
¿Estás presas aún de aquella
tenaza que una vez arrugó
ese corazón blanco que latía
al compás del diablo
disfrazado de sonrisa?

Cómo me gustaría que estallaras
con la fuerza de la botella
de cava, vino espumoso
que me hace cosquillas en la nariz
haciéndome elemental al sentir
sólo lo físico que me agrada o duele,
y no lo mental que hierve
desde el fondo del pozo.

Aprendí a hinchar los pulmones
para respirar, para gritar.
Nunca pude hinchar el corazón.
Quizás lo haga para liberarte, poesía.

Ya has venido. Ya estás aquí.

Geográfico

Que soy volcán cuando me atacan,
erupto la lava adrenalítica
guardada en la cava de los años
de presión interna de fuego.
Temblorosas que fueron mis manos,
mi conciencia y mis acciones,
ahora son movimientos sísmicos
que levantan poderosas montañas,
cambian los cursos de los ríos,
en morrena arrastra las miserias.

Géiseres de agua dulce cálida
que fueron mis lágrimas azules,
hirviendo salen ahora como llamas
que achicharran al creído ignífugo.

Me sometiste de pequeño renacuajo,
oh, Gulliver iluso, cómo he cambiado
Tan poderoso como Sansón,
tan ingenioso como David.

Témeme, haces bien en temerme.
Quemo. Destruyo. Ahogo.

Pero para ti, también soy volcán
pero de pasión, tímido, de amor,
de tipo hawaiano que abrasa
y te hace fuegos artificiales
en ese mar verde de tus ojos.

Me acurrucaré en tu ladera,
porque tú me haces fuerte.
Tu piel herida es la piedra
que construye mi fortaleza.

Amor en colores

¿Y si nos amáramos en verde?
con la sangre de Lorca por las venas
gritando Andalucía hasta quedarnos roncos,
cuerpos de geranios convertidos,
en tierra de trigo germinado.
En verde.
Pero ¿y en rojo?
¿Por qué no nos amamos en rojo?
con la fuerza del trabajador apasionado
que como Amanda regresaba de la labor
diaria del pueblo sometido y levantado.
En rojo.
Pero ¿y en azul?
marino de los fondos oceánicos
con la fuerza de la vida
que arrancó de la arena a la Tierra.
Vida. En azul.
Pero ¿y en naranja?
Con el sabor ácido de la fruta amarga
joyas de unas Hespérides que siempre
fueron nuestras bolas doradas
de las puertas del fin del mundo.
El mundo. ¿y en amarillo?
con la luz de mil soles
que alumbran a la humanidad oscura,
y da calidez al futuro negro y frío.
Violetas.
Violetas imperiales de canciones
a media noche.
Violetas para olerlas contigo.
Para quedarme dormido en tus brazos
en este mundo de colores
que tú me has construido.

Habitación vacía

Fue el sentimiento más fuerte de tu ausencia
cuando entré en la casa - nuestra casa -
y vi en frente del pasillo tu habitación vacía.
La vida faltaba como el verde a las plantas,
el aire helado salía del cuarto como viento polar.

Es la ausencia que no se ve la que pesa tanto,
torturante mochila que cargo a mis espaldas
desde el día que marchaste con tus ojos cerrados.

La frialdad es mi enemiga, en la noche, lo que más temo.
No hay manta ni sábana que cubra mi cuerpo
e impida que me llegue el sabor a hielo de tu partida.

La casa - nuestra casa - es un gran campo inmenso
si hierbas ni árboles ni gentes; que no es campo,
es un páramo llenos de cosas vacías que no existen.

Yo, huyo de la casa - nuestra casa - porque no estando
te veo en que cada rincón de las paredes blancas,
sin cuadros, con huellas de reloj que no marcan las horas.

Es el tiempo aterrador el que pasa aumentando la distancia.
Quien lucha por borrarme el olor de los recuerdos,
que en contra de lo que todo el mundo dice y cree,
no cura nada, no aplaca nada, no suaviza nada.

Porque es dolor lo que siento permanente, cronicidad
de una ausencia forzada que me robó lo que más quería.
Es sentimiento negro de pena, lo que recorre mis venas
que con la falta de tus pulsos tristemente laten
cada vez que vuelvo a ver al final de la casa - nuestra casa -
ese pasillo largo y al fondo, siempre,  tu habitación vacía.

Rompen las almas

Cae el Sol en la mar serena,
la espuma se entretiene
en acariciar mis pies.
Miro al horizonte recto
de azules cielos y océanos.
En la frontera, tú,
justo donde verde
nace el rayo.
Salado soy como el soluto
del mar que hace flotar
a los cuerpos inertes.
El azogue arresta
los restos del lecho marino.
La tierra, a golpes heridas  por
el mar embravecido en su poder
es hembra que no recibe
las caricias prometidas.
Rompen las olas,
mientras,
rompen las almas,
a jirones la piel negra.
Yace en la playa
del sueño de las hadas.
Casa eterna de dioses y naúfragos.
En la raya que une,
justo la curva de la esfera,
un minarete intuyo.
Otras casas. Otra gente.
Y tú allí, donde nace el rayo.
El horizonte vacío parece
estallar en gentío
en pocos segundos.
Los gritos nos llaman.
Las olas parten las almas.

Poema al gobernante maligno

Tus lágrimas de metal no riegan ni las macetas.
Son venenos del mercurio que corre por tus venas,
letal para el obrero que cada día levanta
la mañana hacia arriba con un nuevo Sol
que no brilla para todos, para todas
porque tú con tu opaca personalidad
les haces sombras de vida enlutecida.

Matas esperanzas y sueños
como moscas que vuelan al olor
de lo que tu piel - quizás tu alma desprende-
Hediondos ideales que dejan sin vida en muerte
eterna al amigo que vino de tierras lejanas,
a la abeja obrera que se deja la miel
de su vida, en cada gota de néctar
que tú le derramas apenas recogida.

Como en la antigua Judea
es de noche cuando los llantos de los inocentes
rajan la noche clara que tú enturbias.
Ni las estrellas brillan cuando sales tú.
Gobernador eclipsante de las sombras negras
que con las formas del imperio de siglos
como Atila aplastan a quien tu adoras.

O dices adorar. Robaste tanta corona de espina
de la estatua que con tu dinero cubriste de oro,
a la que te arrodillas tapándote los sentidos
para no oler a pueblo, a gente, a humanidad.

Tu Dios te mira. El pueblo te mira.
Tu sueldo día a día ganas.
Pero no es la cuenta de tu banco
quien marca el ritmo de tu felicidad.

A la sombra de tu sombras
te desvanecerás.
La noche será oscura eterna
para quien de día apagó las luces
de los encendedores de estrellas.

La  maldad nunca vence.
Sin color será iluminada.
La fraternidad es la única solución.

Venus

Es el infierno seguro ese mundo
que lleva el nombre del Amor.
Como mujer desnuda,
amanece bella por las mañanas.
Como amante perdido,
se hunde en el mar en los atardeceres
de las vidas que agotan oportunidades.
El amor. El amor a presión.
Como todo amor en exceso
aplasta y axfisia al contrayente.
Al que da amor.
Al que lo recibe.
Y al que celoso observa
los sentimientos negados.
Sulfúrico ácido que corre
por las venas azules.
Tú como yo.
Venus y Tierra.
Infierno y Amor.

Vega

Lentamente caminas faro azul del cielo
a tu lugar de señales de rayos
azules para humanos caminos,
itinerarios marcados sin máquinas.

14000 años de viaje hasta tu destino.
Un pestañear de ojos me dices.
Una humanidad entera te digo.

O dos.

¿Quiénes estarán aquí para
cuando tu alumbres recta las noches?

¿Quién te bautizará de nuevo
al verte quieta, inmóvil en el espacio?

Tu girarás en el espacio negro.

Estrella azul
¿qué será del planeta azul?

Monte Carlota

Es el Monte Carlota testigo de la navidad fría,
verde hacia arriba Himalaya inmenso
para los ojos que alcanzan al nivel de los sueños.
Campo de fútbol a tu espaldas,
casi tocas el cielo sin tener alas.
La casa vacía, sola,  una ventana.
La puerta cerrada, no se percibe alma.
Sólo la fuerza del nombre,
que vaga por todas las curvas
de la tierra emergida hacia arriba.

Detrás lo contrario,
como una boca abierta
la cantera quiere comer el aire.
Vértigo de profundidad
al niño pequeño
que se agarra a un árbol del filo.
Es un cráter de imaginación,
volcán temido escondido en las entrañas,
Paseo atrevido por el borde.

Sube a lo más alto.
Mira a la ciudad. Al campo.
Se cree un dios.

Amazonas

Tu pecho cortado me desconcierta,
porque no es enfermedad lo que demuestra,
es fortaleza y certeza de una puntería
afilada en tus ojos de espuma bravura.
Sin embargo, no es voluntad de la fortuna,
amputación que en tu infancia te hicieron,
para ser arquera en defensa
de una vida aplastada por el acero.
Invisible te has como todas las mujeres,
ni derechos en el cielo tuviste.
Ninguna estrella lleva tu nombre,
ninguna forma en el firmamento
te indican, te aparentan, te viven.
Sólo el nombre confundido del gran río
recuerda lo que fuiste y no exististe
salvo en las mentes de los seres soñadores.
En tu lanza me clavo cuando quiero morir.
A las estrellas te llevaré sin permiso.

Atlas

Yo, que lloro por los pesos de mi vida,
veo tu esfera de cielo pisando tu cabeza.
Condenado como yo a cadena eterna,
separar el cielo de la Tierra es tu pena.

De piedra me convertí, por causas ajenas,
que fué él quien el demonio me sacó.
Tú miraste con los nítidos ojos fijos
y en helada cordillera tu columna sucumbió.

Mi fuerza fue titánica para quitar al opresor,
que vinieron del Tártaro a llevarlo en barca negra.
Sin embargo tú, laxo de fuerzas, gigante marino
vacíado a presión de tu interior, hueco perfecto
permaneces gimiendo por el peso denso
de un mundo que entonces giraba sin redentor.

Atlas yo soy por los pesos de mi vida.
Por las cicatrices del tiempo tirano.
Atlas eres por historia y amor.
Tú, tú eres el que sujetas a mi mundo
separándolo de la bóveda celeste.
Lanza y rueda mi globo azul al espacio
Tú, sálvame, mi antihéroe liberador.

Llora la Luna

Llora la Luna abandonada,
de pasos que llevaron la vida
al desierto frío y ardiente.
La Luna sola llora,
sola en el espacio
frío y negro.
La Luna blanca llora,
mirando la casa azul,
del hombre que acarició
su piel virgen y helada.
La Luna agujereada
en polvo convertida,
sin aire que la abrigue
llora sola mirando
en su faz las huellas.
La Luna sin estrellas
fugaces que asombren
llora en la eternidad.
Se ha enterado
que quien le puso
su zarcillo barrado
de estrellas pintadas,
quien peinó con botas
su cara que nos mira
no volverá.
La Luna llena
nueva se convierte
de pronto y toda oculta
llora por Neil Armstrong
su novio, a solas.

Humanidad

Los radios del mundo
que giran en invisibles
rectas la esfera
por el espacio infinito.
Manivelas de éteres
que ruedan la bola
al Sol de las sombras,
azules y negras.

Brilla punto azul
sólo en el espacio.
Silencios silentes
negros y espesos.
Fríos infernales,
absolutos ceros
invernales.

Bolas de gases
estallan sin ruido.
Gammas y Equis
navegan por la nada.

El punto azul
brilla.
De reflejo de rayos
con luz blanca.

Y brilla con luz propia.
Humanidad se llama.

Andrómeda

Atada a la roca por mi madre,
envidiosa uve doble desalada,
que lágrimas de mis ojos arranca,
al monstruo marino sobre regadas.

¿Acaso quedará humedad en mi boca
para gritar al universo mi soledad inmensa?

Presa del pánico estoy amarrada
en la boca del Cetus para ser tragada.

Lanzo mis voces al viento del infinito,
cuerdas vocales las mías son liras,
no celestes, en el mar enganchadas,
espumas de mar arborotadas.

El aire se mueve a golpes de alas,
galopes sonoros en nubes resuenan,
flamenco del aire que alivia mi pena,
caballo alado que a mi lado se posa.

Pegaso. Perseo. Mi vida ganada.

El pueblo crisificado

Ya los dioses que hoy mueren
parece que no resucitan.
Gigantesco sanedrín  el mundo,
que condena a la oscuridad
a las personas humildes.

El fin ha llegado.
La Cruz alta espera
encima del Monte Calvario.

Huellas de sombras
caminan hacia él.
Cansadas. Heridas. Engañadas.

Por gobiernos. Por bancos. Por sumos sacerdotes.

Los clavos esperan a las manos obreras.

Las esponjas de vinagre a las lenguas de su bocas.

El monstruo occidental, hoy Pilatos
encarcela y condena,
desde Europa se lava las manos.

Es viernes de Consejo de Ministros.
El sanedrín habla.
Caifás calla mientras señala con el dedo.

Es viernes santo cada viernes. No de dolores.

El pueblo y Jesús de Nazaret y de España
de nuevo es crisificado.

Ganímedes

Copero de las estrellas,
dibujante del amor prohibido,
bello entre los bellos del aire,
difumina el pecado sabido.
Dioses que te persiguen
a los que tus amores entregas,
sacerdotes tuyos aman ser,
para tu virilidad tragarla completa.
Viertes las aguas en el firmamento,
de lágrimas húmedas
cargadas de amor celeste.
Brillas en el cielo
sólo para los ojos
más sabios que Galileo.
Girando en bola al rey eterno.
Gases y tierra,
de tu territorio helado,
¿la vida vive en ti,
inteligente en ciudades
nos cuentan?
Amor de hombres en el firmamento.
Ganimedes libre vive.

Orfeo

El cisne canta al morir.
Cantaste tus peores nanas,
lamentos y gemidos al aire
que hirieron como cuchillo
los oídos de tus amantes.
Universo estremecido
por la corrosiva queja de amor
que en las cuerdas de la Lira
fue arma de canción.
A por ella, a por ella
te enviaron buscando
la paz de dulzura
que sólo el amor otorga.
Eurídice tuya,
presa detrás del can Cerbero
esperaba tu música
bandera de amor y liberación
De camino de vuelta maldito sol
que bañaste el rostro
de la dulce amada.
Esfumada para siempre
en lo oscuro del infierno
Ese averno que es tu llanto
y esas lágrimas tuyas
que son estrellas de cisne
que con las cuerdas de Lyra
te sujetan al cielo norte de verano
para que no olvidemos
que el amor hay que salvarlo
y sobre todo, protegerlo
más que muramos.
En el cielo hoy y de noche,
el Cisne canta para vivir.

Primavera

Tan ciego voy por caminos y veredas
que no levanto ni siquiera la mirada
en esta tierra de quebrantos y quejas
de pesos de atlas en mis hombros
doloridos de gravedades aplastantes.
Tan ciego voy que no levanto
la vista que no ve del suelo,
corriendo los carriles como si fuera
un perro husmeando un destino incierto
Tan ciego voy por la mente
que es una olla a presión,
rodeada de ruidos contaminantes
que matan músicas, pájaros y silencios.
Tan ciego voy que hoy tú
- ¿Quién, quién, quién, quién? -
me hizo levantar la vista
con un golpe valiente
ver como estallaron los fuegos artificiales
que nunca cuestan dinero,
como las luces cambiaron de color
con la fuerza de las ramas que se abren
la sangre de la Tierra que mana
y el aire nuevo perfumado.
Estalló la primavera de nuevo
y quién, quién, quién, quién
levantó mi mirada al frente
para dejar de ser ciego,
torciéndome el cuello hacia arriba,
haciéndome hombre de nuevo.