ASIDONIUM

Mis poemas - www.alfonsosaborido.es - Twitter: @asaborido

Vega

Lentamente caminas faro azul del cielo
a tu lugar de señales de rayos
azules para humanos caminos,
itinerarios marcados sin máquinas.

14000 años de viaje hasta tu destino.
Un pestañear de ojos me dices.
Una humanidad entera te digo.

O dos.

¿Quiénes estarán aquí para
cuando tu alumbres recta las noches?

¿Quién te bautizará de nuevo
al verte quieta, inmóvil en el espacio?

Tu girarás en el espacio negro.

Estrella azul
¿qué será del planeta azul?

Monte Carlota

Es el Monte Carlota testigo de la navidad fría,
verde hacia arriba Himalaya inmenso
para los ojos que alcanzan al nivel de los sueños.
Campo de fútbol a tu espaldas,
casi tocas el cielo sin tener alas.
La casa vacía, sola,  una ventana.
La puerta cerrada, no se percibe alma.
Sólo la fuerza del nombre,
que vaga por todas las curvas
de la tierra emergida hacia arriba.

Detrás lo contrario,
como una boca abierta
la cantera quiere comer el aire.
Vértigo de profundidad
al niño pequeño
que se agarra a un árbol del filo.
Es un cráter de imaginación,
volcán temido escondido en las entrañas,
Paseo atrevido por el borde.

Sube a lo más alto.
Mira a la ciudad. Al campo.
Se cree un dios.

Amazonas

Tu pecho cortado me desconcierta,
porque no es enfermedad lo que demuestra,
es fortaleza y certeza de una puntería
afilada en tus ojos de espuma bravura.
Sin embargo, no es voluntad de la fortuna,
amputación que en tu infancia te hicieron,
para ser arquera en defensa
de una vida aplastada por el acero.
Invisible te has como todas las mujeres,
ni derechos en el cielo tuviste.
Ninguna estrella lleva tu nombre,
ninguna forma en el firmamento
te indican, te aparentan, te viven.
Sólo el nombre confundido del gran río
recuerda lo que fuiste y no exististe
salvo en las mentes de los seres soñadores.
En tu lanza me clavo cuando quiero morir.
A las estrellas te llevaré sin permiso.

Atlas

Yo, que lloro por los pesos de mi vida,
veo tu esfera de cielo pisando tu cabeza.
Condenado como yo a cadena eterna,
separar el cielo de la Tierra es tu pena.

De piedra me convertí, por causas ajenas,
que fué él quien el demonio me sacó.
Tú miraste con los nítidos ojos fijos
y en helada cordillera tu columna sucumbió.

Mi fuerza fue titánica para quitar al opresor,
que vinieron del Tártaro a llevarlo en barca negra.
Sin embargo tú, laxo de fuerzas, gigante marino
vacíado a presión de tu interior, hueco perfecto
permaneces gimiendo por el peso denso
de un mundo que entonces giraba sin redentor.

Atlas yo soy por los pesos de mi vida.
Por las cicatrices del tiempo tirano.
Atlas eres por historia y amor.
Tú, tú eres el que sujetas a mi mundo
separándolo de la bóveda celeste.
Lanza y rueda mi globo azul al espacio
Tú, sálvame, mi antihéroe liberador.

Llora la Luna

Llora la Luna abandonada,
de pasos que llevaron la vida
al desierto frío y ardiente.
La Luna sola llora,
sola en el espacio
frío y negro.
La Luna blanca llora,
mirando la casa azul,
del hombre que acarició
su piel virgen y helada.
La Luna agujereada
en polvo convertida,
sin aire que la abrigue
llora sola mirando
en su faz las huellas.
La Luna sin estrellas
fugaces que asombren
llora en la eternidad.
Se ha enterado
que quien le puso
su zarcillo barrado
de estrellas pintadas,
quien peinó con botas
su cara que nos mira
no volverá.
La Luna llena
nueva se convierte
de pronto y toda oculta
llora por Neil Armstrong
su novio, a solas.

Humanidad

Los radios del mundo
que giran en invisibles
rectas la esfera
por el espacio infinito.
Manivelas de éteres
que ruedan la bola
al Sol de las sombras,
azules y negras.

Brilla punto azul
sólo en el espacio.
Silencios silentes
negros y espesos.
Fríos infernales,
absolutos ceros
invernales.

Bolas de gases
estallan sin ruido.
Gammas y Equis
navegan por la nada.

El punto azul
brilla.
De reflejo de rayos
con luz blanca.

Y brilla con luz propia.
Humanidad se llama.

Andrómeda

Atada a la roca por mi madre,
envidiosa uve doble desalada,
que lágrimas de mis ojos arranca,
al monstruo marino sobre regadas.

¿Acaso quedará humedad en mi boca
para gritar al universo mi soledad inmensa?

Presa del pánico estoy amarrada
en la boca del Cetus para ser tragada.

Lanzo mis voces al viento del infinito,
cuerdas vocales las mías son liras,
no celestes, en el mar enganchadas,
espumas de mar arborotadas.

El aire se mueve a golpes de alas,
galopes sonoros en nubes resuenan,
flamenco del aire que alivia mi pena,
caballo alado que a mi lado se posa.

Pegaso. Perseo. Mi vida ganada.

El pueblo crisificado

Ya los dioses que hoy mueren
parece que no resucitan.
Gigantesco sanedrín  el mundo,
que condena a la oscuridad
a las personas humildes.

El fin ha llegado.
La Cruz alta espera
encima del Monte Calvario.

Huellas de sombras
caminan hacia él.
Cansadas. Heridas. Engañadas.

Por gobiernos. Por bancos. Por sumos sacerdotes.

Los clavos esperan a las manos obreras.

Las esponjas de vinagre a las lenguas de su bocas.

El monstruo occidental, hoy Pilatos
encarcela y condena,
desde Europa se lava las manos.

Es viernes de Consejo de Ministros.
El sanedrín habla.
Caifás calla mientras señala con el dedo.

Es viernes santo cada viernes. No de dolores.

El pueblo y Jesús de Nazaret y de España
de nuevo es crisificado.

Ganímedes

Copero de las estrellas,
dibujante del amor prohibido,
bello entre los bellos del aire,
difumina el pecado sabido.
Dioses que te persiguen
a los que tus amores entregas,
sacerdotes tuyos aman ser,
para tu virilidad tragarla completa.
Viertes las aguas en el firmamento,
de lágrimas húmedas
cargadas de amor celeste.
Brillas en el cielo
sólo para los ojos
más sabios que Galileo.
Girando en bola al rey eterno.
Gases y tierra,
de tu territorio helado,
¿la vida vive en ti,
inteligente en ciudades
nos cuentan?
Amor de hombres en el firmamento.
Ganimedes libre vive.