ASIDONIUM

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Sirio

Cayó de bruces por amores
en bruto mineral obtenido,
el hombre dios omnipotente
que todo lo quiso, todo lo pudo.

De rodillas ante el mundo,
azul girador de vueltas infinitas,
gozoso de humildad y pureza,
mudo quedó bajo la luz.

Planeta madre que te pare
de tus entrañas en lava ardiente,
barro viejo del perfil paraíso.
Fruto de la Tierra. Amén.

Asombrados ojos que levantaron
al ritmo de unas piernas vírgenes,
hacia arriba erecto el negro cuerpo,
la mente humana rápida trepa
camino ascendente a las estrellas.

Al final, también azul blanquecino
Sirio alumbra en brillo de plata
ganando a todo objeto estelar
en el único universo conocido.

Marca la historia.
Marca el ritmo.
Energía del Universo.
Late la vida.
Faro de Luz.

Y estalló la guerra

Quedó dormido el bramido de la serpiente roja
que en hangares de nácar fue propietario
de las voces, las manos y las razones.

Se perdió en las noches de los días
las alarmas, los avisos y las llegadas
de las buenas nuevas que aún salvaban.

El mundo azul ahora gris paró su cuerda,
se dejó caer en el oscuro temido vacío
donde antaño como pomba de jabón flotaba.

Ni estrellas, ni luces, ni faros
indican los caminos sin fronteras
entre las estelas que ya no brillan.

Todo es oscuro.
Todo es miedo.

No se oye nada.
No se ve nada.

Silencio de espera.

Y estalló la guerra.